Del tango cavernícola al inclusivo: "Milonga Inadecuada" en El Entrevero
Del tango cavernícola a la "Milonga Inadecuada"Tolerancia en el Entrevero
Caso: expulsión de pareja de mujeres que bailaba tango en la Plaza Fabbini.
“Acá no queremos tortas ni maricones. Hay familias y niños” se escuchó por el altavoz de un espectáculo abierto al público que se celebraba un domingo de marzo de 2015 en el Centro de Montevideo.
Foto: Agencia EFE
Quien hablaba era el organizador de la milonga que cada fin de semana invitaba a bailar en la vereda en la Plaza Fabini, también conocida como “del Entrevero”.
Esa tarde se sumaron dos jóvenes; una profesora de tango y una gestora cultural.
Se pusieron a bailar juntas y empezaron a sufrir el repudio de otros presentes.
Se pusieron a bailar juntas y empezaron a sufrir el repudio de otros presentes.
Las empujaron, las increparon por su presunta
homosexualidad, les dijeron que era inadecuado que dos mujeres bailaran juntas,
y con el aval del organizador, que había cortado la música, las expulsaron de
la plaza.
Las jóvenes Lucía Conde y Florencia Veiro, denunciaron el hecho en las redes sociales. Aclararon que eran amigas y heterosexuales pero que las había violentado un acto homofóbico. Y con un “posteo” en Facebok convocaron a una movida de desagravio para protestar bailando colectivamente el domingo siguiente en el mismo lugar, bajo la consigna “Milonga Inadecuada”.
La convocatoria se viralizó en las redes sociales a través de Twitter, Whatssap y otras plataformas con el hashtag #milongainadecuada y en la fecha señalada se celebró un baile masivo del que participaron figuras públicas. La Milonga Inadecuada alcanzó cobertura de prensa local e internacional.
Las jóvenes Lucía Conde y Florencia Veiro, denunciaron el hecho en las redes sociales. Aclararon que eran amigas y heterosexuales pero que las había violentado un acto homofóbico. Y con un “posteo” en Facebok convocaron a una movida de desagravio para protestar bailando colectivamente el domingo siguiente en el mismo lugar, bajo la consigna “Milonga Inadecuada”.
La convocatoria se viralizó en las redes sociales a través de Twitter, Whatssap y otras plataformas con el hashtag #milongainadecuada y en la fecha señalada se celebró un baile masivo del que participaron figuras públicas. La Milonga Inadecuada alcanzó cobertura de prensa local e internacional.
Las jóvenes relataron el hecho a un referente cultural,
Jorge Schellemberg, director de un teatro municipal, que presentó un informe
denunciando los hechos ante la Intendencia. Intervinieron dos divisiones
municipales: la de Promoción Cultural y la de Espectáculos Públicos, que citaron
a Daniel Prates, titular del grupo “Yunta Brava” que organizaba la “Milonga del
Entrevero”.
Él usufructuaba una concesión desde hacía cuatro años para organizar la actividad, y contaba con un permiso.
La intendencia examinó si al expulsar a las jóvenes de la plaza haciendo referencia a su presunto lesbianismo, se había incurrido en irregularidades, y apeló a su prerrogativa de revocar la autorización.
Él usufructuaba una concesión desde hacía cuatro años para organizar la actividad, y contaba con un permiso.
La intendencia examinó si al expulsar a las jóvenes de la plaza haciendo referencia a su presunto lesbianismo, se había incurrido en irregularidades, y apeló a su prerrogativa de revocar la autorización.
Según concluyó, la organización no respetó
las normas de convivencia para el usufructo de un espacio público, y violó la
normativa vigente. En particular la ley N° 19.846 que garantiza la igualdad de
derechos y la no discriminación en base al género entre mujeres y varones.
El denunciado argumentó que había echado a las mujeres porque al bailar juntas se
habían apartaba de los “códigos” de la milonga. Así, se atribuyó algo
asimilable al “derecho de admisión” al que apelan algunos espectáculos públicos.
Pero la Intendencia replicó que debe primar en todo caso un uso inclusivo, democrático y no discriminatorio de un espacio habilitado, así se apele a la libertad de expresión, porque aplica la Ley Nº 17.817 contra “toda forma de discriminación”.
Otro alcance jurídico que entró en juego aquí fue el referido a las políticas públicas para la igualdad de género, consagradas en varios artículos que preveen la intervención del Estado para tutelar los DDHH.
Artículos de esta ley pautan que las acciones gubernamentales sean transparentes y rindan cuentas, apunten a la modificación de los patrones y creencias socioculturales que replican prejuicios y prácticas tanto en el ámbito público como privado.
Por eso la Intendencia tomó diferentes medidas: punitivas, como suspender el permiso al grupo Yunta Brava para celebrar la milonga durante tres semanas.
Reparativas, pues conminó al organizador pedir disculpas públicas a las damnificadas.
Y formativas, exigiéndole a Prates a asistir un taller de género, en el entendido de que si un patrón sociocultural misógino y homófobo lo había llevado a discriminar a dos ciudadanas por bailar juntas, era necesario que recapacitara sobre su forma de entender las relaciones humanas.
El gobierno local, que en este caso se definía de corte progresista, y que impulsaba una agenda de derechos que había aprobado una Ley de matrimonio Igualitario dos años antes de este episodio, determinó que se habían lesionado los DDHH de las ciudadanas afectando su acceso a un espacio público y a un bien cultural.
El sancionado, un tanguero de 73 años con 40 dedicados a dar clases, ex boxeador apodado El Ñato, y convencido de que dos mujeres bailando juntas contravenían las buenas costumbres, declaró a la prensa que buscaban “lavarle el cerebro”, y se negó rotundamente a asistir a taller de género alguno.
Pero la Intendencia replicó que debe primar en todo caso un uso inclusivo, democrático y no discriminatorio de un espacio habilitado, así se apele a la libertad de expresión, porque aplica la Ley Nº 17.817 contra “toda forma de discriminación”.
Otro alcance jurídico que entró en juego aquí fue el referido a las políticas públicas para la igualdad de género, consagradas en varios artículos que preveen la intervención del Estado para tutelar los DDHH.
Artículos de esta ley pautan que las acciones gubernamentales sean transparentes y rindan cuentas, apunten a la modificación de los patrones y creencias socioculturales que replican prejuicios y prácticas tanto en el ámbito público como privado.
Por eso la Intendencia tomó diferentes medidas: punitivas, como suspender el permiso al grupo Yunta Brava para celebrar la milonga durante tres semanas.
Reparativas, pues conminó al organizador pedir disculpas públicas a las damnificadas.
Y formativas, exigiéndole a Prates a asistir un taller de género, en el entendido de que si un patrón sociocultural misógino y homófobo lo había llevado a discriminar a dos ciudadanas por bailar juntas, era necesario que recapacitara sobre su forma de entender las relaciones humanas.
El gobierno local, que en este caso se definía de corte progresista, y que impulsaba una agenda de derechos que había aprobado una Ley de matrimonio Igualitario dos años antes de este episodio, determinó que se habían lesionado los DDHH de las ciudadanas afectando su acceso a un espacio público y a un bien cultural.
El sancionado, un tanguero de 73 años con 40 dedicados a dar clases, ex boxeador apodado El Ñato, y convencido de que dos mujeres bailando juntas contravenían las buenas costumbres, declaró a la prensa que buscaban “lavarle el cerebro”, y se negó rotundamente a asistir a taller de género alguno.
Finalmente, ante la perspectiva de
no recuperar el permiso para continuar con la milonga, accedió a ir una reunión con una psicóloga en el
espacio municipal Casa de las Ciudadanas, donde realizó ejercicios de reflexión
sobre los estereotipos de género aprendidos en su infancia. Según relató, en la
sesión junto a una docena de amigos de la milonga que lo acompañaron para darle
su apoyo, todos y todas juntas, autoridades, bailarines y milongueros, tomaron
el té y comieron galletitas.
- ¿Cómo abordaron el caso los medios de prensa?
“Por bailar
tangos, las echaron de la plaza”, tituló el diario uruguayo El País. Otros medios consignaron
la noticia anunciando que “Miles bailaron contra la homofobia” en “Una fiesta
contra la intolerancia”.
TNU, el canal estatal, describió a la Milonga Inadecuada como “una respuesta masiva a la convocatoria en las redes sociales” y calculó que asistieron unas 500 personas.
Las diferentes coberturas dieron voz tanto a las jóvenes expulsadas de la plaza, como al gestor cultural sancionado por discriminarlas, activistas y referentes de la protesta que instaron a la sociedad a responder al episodio de discriminación para que no quedara impune, ni se repitiera.
Los conceptos que se repitieron hicieron alusión a la inclusión, la diversidad sexual y el usufructo de los espacios públicos.
Se expidieron sobre el tema en los medios jerarcas de organismos que intervinieron, referentes artísticos, sociales, académicos y políticos, que en su mayoría repudiaron la experiencia padecida por las jóvenes.
Entre ellos la directora de la Secretaría de la Mujer, Elena Ponte, el director de Cultura de la Intendencia Héctor Guido, activistas de colectivos de DDHH y LGTB como Ovejas Negras, y el director de políticas sociales del Ministerio de Desarrollo Social, Andrés Scagliola.
Entre otras declaraciones públicas, una senadora del frente Amplio exigió un tango “menos cavernícola y machista”, el prosecretario de la Intendencia, Christian Di Candia vinculó el acto a la homofobia alineada a los sectores conservadores detractores de la Ley de Matrimonio Igualitario, aprobada recientemente el país. Y el organizador de la milonga denunciado declaró al Semanario Búsqueda que en la Intendencia “estaban todos locos”.
TNU, el canal estatal, describió a la Milonga Inadecuada como “una respuesta masiva a la convocatoria en las redes sociales” y calculó que asistieron unas 500 personas.
Las diferentes coberturas dieron voz tanto a las jóvenes expulsadas de la plaza, como al gestor cultural sancionado por discriminarlas, activistas y referentes de la protesta que instaron a la sociedad a responder al episodio de discriminación para que no quedara impune, ni se repitiera.
Los conceptos que se repitieron hicieron alusión a la inclusión, la diversidad sexual y el usufructo de los espacios públicos.
Se expidieron sobre el tema en los medios jerarcas de organismos que intervinieron, referentes artísticos, sociales, académicos y políticos, que en su mayoría repudiaron la experiencia padecida por las jóvenes.
Entre ellos la directora de la Secretaría de la Mujer, Elena Ponte, el director de Cultura de la Intendencia Héctor Guido, activistas de colectivos de DDHH y LGTB como Ovejas Negras, y el director de políticas sociales del Ministerio de Desarrollo Social, Andrés Scagliola.
Entre otras declaraciones públicas, una senadora del frente Amplio exigió un tango “menos cavernícola y machista”, el prosecretario de la Intendencia, Christian Di Candia vinculó el acto a la homofobia alineada a los sectores conservadores detractores de la Ley de Matrimonio Igualitario, aprobada recientemente el país. Y el organizador de la milonga denunciado declaró al Semanario Búsqueda que en la Intendencia “estaban todos locos”.
En cuanto a los medios
internacionales, la
agencia EFE tituló “Milonga en Montevideo reclama igualdad sexual y de género
para bailar tango”. En tanto AFP consignó la noticia como una protesta inédita a través
de un hecho artístico contra un acto de discriminación, y destacó que Uruguay
había sido el primer país en legalizar el matrimonio entre personas del mismo
sexo y era un referente regional en el trabajo por la igualdad de género.
Gastar los tamangos con un click...
Mediante un posteo y el evento de
FaceBook que convocó a la movida de desagravio “Milonga Inadecuada”, a partir
de las RRSS se constituyó un movimiento social que, en términos clásicos, al
decir de Castells, fue un agente de cambio que plasmó un desencanto ciudadano y
tuvo como eje de conflicto la disidencia de un poder hegemónico.
En este caso el acto de exclusión de las mujeres encarnó valores de un imaginario cultural conservador como el tango –de varones violentos al mando, “percantas” cosificadas o madres santificadas-, que no admitía transgresión.
Los reclamos públicos viabilizados a través del espacio digital interpelaron la vigencia de ese mandato perimido. Y también interpelaron a la institucionalidad, pues exigieron a organismos públicos que intervinieran en el conflicto.
Con la mediación de las nuevas tecnologías, la protesta se constituyó en campaña de social media, solidaridad con las agraviadas, y baile callejero. Una protesta popular online y offline.
La sociedad dejó claro que no estaba dispuesta a silenciar su repudio porque lo que se jugó en ese nuevo espacio público globalizado de clicks, retuits y “me gusta” fue algo más trascendente y menos episódico que la experiencia de dos chicas que quisieron bailar juntas en una plaza y fueron ahuyentadas por un grupo de veteranos.
Se atacó a una sensibilidad colectiva aplastada por la hegemonía conservadora que adjudica roles a los sexos.
En definitiva se vivió el ejercicio posmoderno de una democracia más directa y menos representativa, una ciudadanía digital que conectó directamente con la comunicación política y sus agendas en juego.
Si bien también circularon, como es típico de las redes sociales, parapetados atrás de seudónimos, discursos de odio contra las “tortas y putos que dejaron sin baile tres domingos a los pobres jubilados”, como rezó un comentario anónimo, lo que primó fue una reacción popular a favor de la tolerancia, contra la misoginia y homofobia.
En el terreno simbólico, la movida Milonga Inadecuada exigió que se rindiera cuentas sobre cuán tangible era el derecho a la diversidad sexual, la apropiación colectiva de un espacio público y un nuevo modo de entender la convivencia en la esfera pública. Lo personal se volvió político una vez más, ahora viralizado, entre hashtags y algoritmos.
Los ciberoptimistas podrían ver en la "Milonga Inadecuada" el repudio a una afrenta que generó un consenso en tiempos de anomia social, reafirmó pertenencia identitaria contra la hipocresía heteronormativa, saltó a la prensa tradicional regional posicionando a Uruguay a la vanguardia de la agenda de derechos, fue insumo informativo que hizo historia y estrenó –o empezó-, un nuevo modo de ejercer la democracia y ciudadanía.
Ciberpesimistas, escépticos o autores que estudian el fenómeno de las protestas sociales en soporte web más diacrónicamente, podrían catalogar a este caso como un “movimiento estético”, al decir de Galindo. Taquillero en rédito noticioso, disperso en microesferas de opinión pública mediatizadas, y efímero en su alcance offline.
Algo sintetizado en que las RRSS pueden erigir trending topics circunstanciales y puntuar alto en las métricas y analíticas web durante un tiempo, pero para cosechar cambios tangibles en el terreno del cambio social, como repiten tantos colectivos de resistencia, no hay que abandonar las calles.
Como sea, de la gobernanza al activismo, atravesando capas heterogéneas del tejido social, se habló de diversidad, inclusión, libertad sexual, machismo, tango cavernícola, mutación antropológica, apropiación de espacios públicos, y estereotipos de género a deconstruir.
La Milonga Inadecuada alzó la voz contra la intolerancia apoyada en la arquitectura de Internet: ubicua, descentralizada, interactiva, esquiva, atemporal, y casi carente de mediación. En línea con pensadores como Jenkins y Ferry, que vinculan su poder al ensanchamiento de la democracia, participación ciudadana y libertad de expresión, puso en juego bronca y solidaridad, replicó cambio social y emoción.
Levantó una ola de reacciones cuyo alcance acicateó a protagonistas, referentes y una masa que exigió discurso y acción a los involucrados.
Y en especial, al Estado como portador de una responsabilidad garantista de derechos y deberes, en un momento de cambio de paradigma donde se jugaba en una cancha iluminada y pública un partido tan crucial como el de los DDHH.
En este caso el acto de exclusión de las mujeres encarnó valores de un imaginario cultural conservador como el tango –de varones violentos al mando, “percantas” cosificadas o madres santificadas-, que no admitía transgresión.
Los reclamos públicos viabilizados a través del espacio digital interpelaron la vigencia de ese mandato perimido. Y también interpelaron a la institucionalidad, pues exigieron a organismos públicos que intervinieran en el conflicto.
Con la mediación de las nuevas tecnologías, la protesta se constituyó en campaña de social media, solidaridad con las agraviadas, y baile callejero. Una protesta popular online y offline.
La sociedad dejó claro que no estaba dispuesta a silenciar su repudio porque lo que se jugó en ese nuevo espacio público globalizado de clicks, retuits y “me gusta” fue algo más trascendente y menos episódico que la experiencia de dos chicas que quisieron bailar juntas en una plaza y fueron ahuyentadas por un grupo de veteranos.
Se atacó a una sensibilidad colectiva aplastada por la hegemonía conservadora que adjudica roles a los sexos.
En definitiva se vivió el ejercicio posmoderno de una democracia más directa y menos representativa, una ciudadanía digital que conectó directamente con la comunicación política y sus agendas en juego.
Si bien también circularon, como es típico de las redes sociales, parapetados atrás de seudónimos, discursos de odio contra las “tortas y putos que dejaron sin baile tres domingos a los pobres jubilados”, como rezó un comentario anónimo, lo que primó fue una reacción popular a favor de la tolerancia, contra la misoginia y homofobia.
En el terreno simbólico, la movida Milonga Inadecuada exigió que se rindiera cuentas sobre cuán tangible era el derecho a la diversidad sexual, la apropiación colectiva de un espacio público y un nuevo modo de entender la convivencia en la esfera pública. Lo personal se volvió político una vez más, ahora viralizado, entre hashtags y algoritmos.
Los ciberoptimistas podrían ver en la "Milonga Inadecuada" el repudio a una afrenta que generó un consenso en tiempos de anomia social, reafirmó pertenencia identitaria contra la hipocresía heteronormativa, saltó a la prensa tradicional regional posicionando a Uruguay a la vanguardia de la agenda de derechos, fue insumo informativo que hizo historia y estrenó –o empezó-, un nuevo modo de ejercer la democracia y ciudadanía.
Ciberpesimistas, escépticos o autores que estudian el fenómeno de las protestas sociales en soporte web más diacrónicamente, podrían catalogar a este caso como un “movimiento estético”, al decir de Galindo. Taquillero en rédito noticioso, disperso en microesferas de opinión pública mediatizadas, y efímero en su alcance offline.
Algo sintetizado en que las RRSS pueden erigir trending topics circunstanciales y puntuar alto en las métricas y analíticas web durante un tiempo, pero para cosechar cambios tangibles en el terreno del cambio social, como repiten tantos colectivos de resistencia, no hay que abandonar las calles.
Como sea, de la gobernanza al activismo, atravesando capas heterogéneas del tejido social, se habló de diversidad, inclusión, libertad sexual, machismo, tango cavernícola, mutación antropológica, apropiación de espacios públicos, y estereotipos de género a deconstruir.
La Milonga Inadecuada alzó la voz contra la intolerancia apoyada en la arquitectura de Internet: ubicua, descentralizada, interactiva, esquiva, atemporal, y casi carente de mediación. En línea con pensadores como Jenkins y Ferry, que vinculan su poder al ensanchamiento de la democracia, participación ciudadana y libertad de expresión, puso en juego bronca y solidaridad, replicó cambio social y emoción.
Levantó una ola de reacciones cuyo alcance acicateó a protagonistas, referentes y una masa que exigió discurso y acción a los involucrados.
Y en especial, al Estado como portador de una responsabilidad garantista de derechos y deberes, en un momento de cambio de paradigma donde se jugaba en una cancha iluminada y pública un partido tan crucial como el de los DDHH.
¿Qué aporte desde la comunicación digital podría implementarse para solucionar situaciones problemáticas similares?
Así como se
califican experiencias de consumo comercial o cultural a través de formularios
web, y se puntúan ofertas diversas de servicios mediante aplicaciones en
soporte digital, los espectáculos públicos y actividades en espacios abiertos
de dependencia estatal que requieran permisos podrían generar mediciones y contrapartes
de satisfacción en cuanto a los valores de respeto a los DDHH, y en especial a
la diversidad e inclusión por parte de los usuarios y público objetivo.
Sondeos y relevamientos
a través de plataformas digitales, mailings, encuestas en línea, campañas con
formato de encuesta pautadas en redes sociales, y por qué nom streamings
invitando al público asistente a efectuar una suerte de relatoría o crónica de
un determinado espectáculo o final deportiva. Serían potencialmente espacios y
modos de testear el apego de espectáculos a las normativas vigentes que
garantizan el respeto a la libertad, equidad e inclusión ciudadana.
Y de no ser amigables con minorías étnicas, sexuales o con capacidades diferentes determinados permisarios, de irrespetar la diversidad cultural y acumular denuncias y quejas por actos de discriminación, a la hora de evaluar peticiones, las autoridades podrían examinar si el ejercicio de anteriores prácticas ha respetado el marco legal y amerita nuevas habilitaciones.
Y de no ser amigables con minorías étnicas, sexuales o con capacidades diferentes determinados permisarios, de irrespetar la diversidad cultural y acumular denuncias y quejas por actos de discriminación, a la hora de evaluar peticiones, las autoridades podrían examinar si el ejercicio de anteriores prácticas ha respetado el marco legal y amerita nuevas habilitaciones.
Asimismo,
más allá de prerrogativas punitivas como la revocación de permisos, previo a
una concesión, auspicio o aval estatal a una actividad abierta, para hacer
usufructo de instalaciones tales como un parque o plaza pública, de constatarse
antecedentes negativos, se podría implementar algún tipo de capacitación del
permisario para actualizar su compromiso con la equidad, la inclusión y los
DDHH.
Y si el
permisario se negara, como no quiso el milonguero El Ñato asistir a taller de
género alguno, ni a revisar sus valores, al menos el antecedente dejaría un eco
de advertencia y olor a fracaso eventual, un marketing en contra e inminencia
de boicot a quienes pretendieran imponer exclusiones arbitrarias basadas en
estereotipos de sexo o cualquier forma de discriminación en actividades
públicas en parques y plazas de la ciudad.
Gracias por leer.
*Sol Bauzá es Licenciada en Comunicación Social, periodista, feminista, locutora, y cantante.
Integra la Comisión de Género de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).
Este pódcast es parte de un trabajo para el Seminario Comunicación para la inclusión y la diversidad de la Maestría en Comunicación Digital con Énfasis en Bien Público de Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales).
Gracias por leer.

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